DESIERTO HABITADO VOLVER

Awasi Atacama: doce suites redondas para un desierto a medida

Doce suites circulares, un guía por cada una y ningún itinerario que no pueda cambiarse. En este hotel del Atacama, el lujo es que el desierto se acomode a quien lo recorre.

El Atacama es uno de los desiertos más áridos del planeta, y sin embargo Awasi Atacama queda a pocas cuadras de la plaza de San Pedro, del mercado y de la iglesia vieja. No hay una ruta de tierra de una hora ni un portón en medio de la nada: hay una calle de pueblo, la calle Tocopilla, y detrás de un muro de adobe, un hotel que entendió que la lejanía no es un requisito del lujo.

San Pedro está a unos 2.450 metros sobre el nivel del mar, y la casa organiza todo lo demás con esa certeza: el primer día se descansa, se bebe agua, se espera. Después, el desierto se recorre a la medida de cada huésped. Cada suite tiene su propio guía y su propia camioneta 4x4, y las excursiones se piensan a partir de un cuestionario que se completa antes de llegar.

De esa premisa sale la idea que atraviesa esta nota y que nos quedó de la visita: el círculo. Doce suites redondas, una fogata que reúne a la casa cuando cae la noche, un día que nunca sigue un recorrido fijo. En un paisaje donde lo único recto es el horizonte, Awasi eligió la forma que no tiene principio ni final. No es una casa con vista al desierto: es una casa que se parece a él en lo esencial.

Awasi Atacama abrió en 2007 y fue el primer lodge de una marca que hoy suma destinos en Chile, Argentina y Brasil. Integra Relais & Châteaux desde 2012 y la Guía Michelin lo distingue con dos Llaves. Las credenciales importan menos que lo que sostienen: una forma de viajar en la que nadie comparte guía, vehículo ni horario, y en la que el hotel funciona menos como un lugar donde alojarse que como una base desde la cual salir a entender el desierto.

HISTORIA Y ENTORNO: UN PUEBLO DE PASO, DOS MIL AÑOS DESPUÉS

San Pedro de Atacama fue siempre un oasis de paso, y la región lleva habitada más de 2.500 años. Awasi se instaló en ese pueblo de adobe sin pretender fundar nada: tomó de Tulor, la aldea que queda a pocos kilómetros al sur y cuyas ruinas tienen unos dos mil años, la lección de construir con lo que hay. Esa lección es la que ordena la casa entera, desde la elección de los materiales hasta la altura de los muros.

Por eso Awasi Atacama es una suma de edificios de adobe levantados con técnicas antiguas, con madera, paja y piedra de la zona. Los muros de adobe repiten, dos mil años después, una idea que no necesitó mejorarse. Alrededor, el pueblo sigue haciendo lo suyo: el mercado, la plaza, la iglesia vieja, a una caminata de distancia. Y más allá de las últimas casas empieza la geografía que justifica el viaje, con salares, volcanes y sitios arqueológicos que la casa toma como una extensión natural: el desierto empieza donde termina el muro.

Durante años, la calle Tocopilla partió el hotel en dos: había que cruzarla para llegar al comedor y a la piscina. Una ampliación sobre el terreno vecino sumó cinco suites circulares superiores y reunió todo del mismo lado, hasta llegar a las doce actuales, todas redondas. La mejor ampliación es la que no se nota.

DISEÑO: LA ARQUITECTURA DE LA RESTRICCIÓN

Awasi Atacama hizo del diseño un ejercicio de contención. Sin mobiliario escandinavo ni gestos de autor: muros de adobe, piezas rústicas hechas a medida y una arquitectura que prefiere parecerse al pueblo antes que destacarse de él. La Guía Michelin la describe como una vuelta al pasado, no como una obra del modernismo, y esa decisión es la que le da carácter.

Detrás de esa contención hay, según la Guía Michelin, un arquitecto y una decoradora: Francisco Rencoret y Paula Domínguez. En las paredes de piedra y adobe, motivos triangulares evocan al volcán sagrado Licancabur, la montaña que ordena la mirada de toda la región. Es un recurso discreto, de los que se descubren después de un día de caminar el desierto y no antes. Las áreas comunes siguen la misma lógica: jardines con plantas nativas, una fogata y espacios abiertos donde el protagonista es el cielo nocturno.

Cada suite se completa con un patio privado y su ducha al aire libre, de modo que hasta el baño ocurre bajo el cielo del Atacama. En el desierto, la forma redonda no es una pose: es una manera de no dejar nada afuera.

HABITACIONES: DORMIR EN REDONDO

Las doce suites de Awasi Atacama son circulares, sin una sola esquina: diez Superior Round Suites y dos Round Rooms, construidas en piedra, adobe y madera bajo techos de paja. Los muros gruesos de adobe y los techos de paja dejan ver el oficio: aquí la materia prima es también el decorado. Cada suite funciona como una unidad propia, con su patio, su guía y su vehículo, y ninguna comparte pasillo con otra.

El clima explica el programa: días de entre 20 y 30 grados y, de mayo a agosto, noches que pueden bajar de cero. Por eso cada suite tiene patio privado con ducha al aire libre, y por eso, al llegar, Awasi entrega una botella reutilizable: en este desierto el lujo empieza por el agua.

Hay Wi-Fi en las suites y en la casa principal, y se reciben huéspedes desde los 14 años. Para después de las excursiones, una piscina al aire libre; no hay spa, pero los masajes se organizan en la propia suite. Una habitación sin esquinas no tiene dónde esconder el cansancio.

GASTRONOMÍA: LA DESPENSA QUE EL DESIERTO NO MUESTRA

En Awasi, la cocina parte de una frase que el desierto desmiente: que acá no crece nada. Chañar, quinoa, papas andinas, algarrobo y rica rica aparecen en un menú que se adapta cada día a lo que cada huésped pide, con el producto local como punto de partida y no como decoración. Antes de llegar, el cuestionario de la casa recoge restricciones y preferencias alimentarias, de modo que la mesa se arma con el huésped y no para él.

El restaurante de Awasi Atacama, de uso exclusivo para huéspedes, lleva el sello Relais & Châteaux y está a cargo del chef Sebastián Prieto, cuya propuesta cruza el marisco del Pacífico con el maíz endémico y las manzanas locales. Antes, la identidad de esta cocina la defendió su chef fundador, Juan Pablo Mardones, con platos como el tortellini de humita con ají de gallina.

Del chañar, árbol del desierto, la casa extrae un arrope de tonos amaderados que aparece en los postres. Es una cocina que no necesita importar nada: le alcanza con aprender a mirar. Y cuando cae la noche, el círculo se cierra alrededor del fuego.

EQUIPO: UN GUÍA PARA CADA SUITE

La verdadera arquitectura de Awasi es humana: cada suite tiene su propio guía. Lo espera en el aeropuerto de Calama, lo traslada en una 4x4 propia y lo acompaña durante toda la estadía. Los traslados desde Calama, a unos 96 kilómetros, están incluidos. Esa relación uno a uno es la que cambia la escala del viaje: no hay excursión de grupo que esperar ni parada que negociar.

Antes del viaje, un cuestionario recoge intereses, ritmo físico y preferencias, y con eso se arma un primer día que después se ajusta al clima y al ánimo. Salares, géiseres, lagunas de altura, sitios arqueológicos, caminatas, cabalgatas, bicicleta, observación de aves y noches de estrellas con astrónomo forman un repertorio que ningún grupo recorre igual.

Awasi pide una estadía mínima de tres noches, y se entiende: a esa altura, la primera sirve para adaptarse y las siguientes para recorrer. Un itinerario compartido tiene un guía. Uno propio tiene un interlocutor.

Volvimos del Atacama con una certeza: el desierto siempre tuvo la inmensidad. Awasi le puso medida: doce círculos, un guía para cada uno y ningún reloj que obedecer.

Claves GO

  1. Perfecto para: Quien viaja para entender el desierto y no solo para verlo: parejas, celebraciones, grupos de amigos y familias con adolescentes (desde los 14 años) que prefieren un itinerario propio a una excursión compartidad
  2. Ubicación: Un hotel del desierto más árido del planeta, a pocas cuadras de la plaza del pueblo, a 2.450 metros de altura y a unos 96 kilómetros del aeropuerto de Calama.
  3. No te pierdas: Los motivos triangulares de los muros, que evocan al volcán Licancabur, y las noches de observación del cielo con astrónomo.
  4. En pocas palabras: Primer lodge de Awasi, abierto en 2007, miembro de Relais & Châteaux desde 2012 y distinguido con dos Llaves Michelin; la Guía Michelin atribuye su creación al arquitecto Francisco Rencoret y a la decoradora Paula Domínguez.

GO Resume

  • Nombre / Lugar: Awasi Atacama - Tocopilla 551, San Pedro de Atacama, Región de Antofagasta, Chile
  • Habitaciones: 12 suites circulares (10 Superior Round Suites y 2 Round Rooms)
  • Grupo o sello: Awasi; Relais & Châteaux (desde 2012); dos Llaves Michelin
  • Diseño: Arquitecto Francisco Rencoret y decoradora Paula Domínguez (según la Guía Michelin)
  • Chef: Sebastián Prieto
  • Propuesta: Estadía en suite con pensión completa, bebidas, excursiones privadas con guía y vehículo 4x4 por suite, y traslados desde el aeropuerto de Calama
  • Estadía mínima: 3 noches
  • Wellness: Piscina al aire libre; sin spa, con masajes en la suite
  • Niños: Se reciben huéspedes desde los 14 años
  • Cómo llegar: A unos 96 km del aeropuerto de Calama (aprox. 90 minutos); vuelos diarios Santiago-Calama
  • Altitud: 2.450 metros sobre el nivel del mar
  • Website: Awasi Atacama
  • Instagram: @awasiexperience @awasi.atacama

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