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En un edificio de los años veinte pensado por Marcello Piacentini, el Grand Hotel Palace conserva intactos sus mármoles, sus arañas de cristal de Murano y los frescos de Guido Cadorin que todavía cubren su comedor como el primer día.
Hay calles que no necesitan presentación y Via Veneto es una de ellas. Curva, arbolada, fue durante los años cincuenta y sesenta el escenario donde el mundo entero vino a mirar a Roma -y donde Roma, vestida de gala, se dejó mirar-. Ahí, en ese tramo exacto donde Fellini inventó a los paparazzi y Hollywood tomó café con leche italiano, se levanta el Grand Hotel Palace.
Es un edificio de los años veinte, obra del arquitecto Marcello Piacentini, restaurado después por Italo Rota sin perder su alma de Belle Époque: mármoles, arañas de cristal de Murano y una serie de frescos del artista veneciano Guido Cadorin que hoy le prestan nombre al restaurante del hotel. La pregunta que este lugar viene a responder no es dónde alojarse en Roma, sino cómo hacerlo sin renunciar ni a la estética de otra época ni a la comodidad de una casa propia.
Llegamos una tarde de sol bajo, con la avenida todavía perfumada a la Roma de las postales, y lo primero que encontramos fue esa sensación -cada vez más rara en un hotel de gran escala- de que alguien, adentro, estaba realmente esperándonos.
VIA VENETO: EL BARRIO QUE NUNCA DEJÓ DE ESTAR CONECTADO
Via Veneto conecta Piazza Barberini con los jardines de Villa Borghese en una sola caminata en subida, bordeada de los mismos cafés -el Café de Paris, Harry's Bar, la vereda del Doney- que en su momento de gloria vieron pasar a Anita Ekberg y a Frank Sinatra entre flashes de paparazzi, una palabra que el propio barrio ayudó a inventar. El glamour de aquellos años se aquietó, pero el barrio conserva intacta su condición de dirección central, con la embajada de Estados Unidos como una vecina más entre las fachadas elegantes de la cuadra. Todo queda cerca -el Tridente, la Villa Borghese, el corazón barroco de la ciudad- y sin embargo nada se siente apurado.
RISTORANTE CADORIN: UN COMEDOR QUE ES OBRA DE ARTE
El comedor del hotel no ilustra la historia del edificio: la protagoniza. Los frescos de Guido Cadorin cubren paredes y techos con esa paleta cálida y esas figuras alargadas típicas del art déco veneciano, y comer ahí abajo -desayuno, almuerzo o una cena con calma- es hacerlo dentro de una pieza de museo que nunca dejó de estar en uso. La propuesta gastronómica acompaña ese mismo criterio: cocina mediterránea sin estridencias, pensada para no competir con lo que cuelga de las paredes sino para completarlo.
FUSION SPA: LA PAUSA ASIÁTICA EN PLENO VENETO
A pocos pisos de los frescos de Cadorin, el Fusion Spa propone un quiebre deliberado: tratamientos de inspiración asiática, masajes específicos, envolturas corporales y faciales, además de sauna, piscina con hidromasaje tipo Jacuzzi y gimnasio para quienes prefieren moverse antes de descansar. Es una zona pensada como paréntesis -silenciosa, con una estética que se aleja a propósito del mármol y los dorados del resto del hotel- y funciona exactamente así: como el punto del día en el que Roma, por una hora, deja de exigir que se la recorra.
LA SUITE: CASA PROPIA CON COCINA Y UNA ATENCIÓN QUE SE NOTA
La habitación que nos asignaron terminó de explicar la lógica del lugar: una suite con baño completo, comedor propio y cocina equipada, pensada más como un departamento romano que como un cuarto de hotel, con esas terrazas panorámicas que el edificio reparte entre varias de sus 86 habitaciones. Ahí se nota la diferencia entre alojarse e instalarse. Y en cada gesto del personal -el que sugiere sin que se lo pidan, el que recuerda un nombre al segundo día, el que resuelve antes de que el pedido termine de formularse- confirmamos algo que ya se intuía en la fachada: el Grand Hotel Palace no vende solamente una dirección elegante sobre Via Veneto, vende la sensación, poco común, de que ese cuidado está ahí para uso de quien se hospeda y no al revés.
Hay hoteles que se recuerdan por una vista y otros por un gesto. El Grand Hotel Palace deja, sobre todo, la sensación de haber vivido -aunque sea por unos días- en el tramo de Roma donde la ciudad decidió alguna vez que valía la pena mirar y ser mirada.
GO RESUME
Hotel: Grand Hotel Palace Rome
Ubicación: Via Vittorio Veneto 70, 00187, Roma
Categoría: 5 estrellas, 86 habitaciones y suites
Restaurante: Ristorante Cadorin (frescos de Guido Cadorin)
Spa: Fusion Spa (tratamientos de inspiración asiática, sauna, hidromasaje, gimnasio)
Website: Grand Hotel Palace Rome (https://www.millenniumhotels.com/en/rome/grand-hotel-palace-rome/)
Victorio Vellido Rubinetti
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