Europa VOLVER
A las 7.30 de la mañana, cuando Roma todavía respira en silencio, arranca una jornada que une el silencio milenario de Pompeya con el dulzor cítrico de Sorrento, dos caras de una misma costa italiana.
Pompeya no es una ruina más entre las miles que tiene Italia: es una ciudad completa, congelada en el instante exacto de su interrupción. El 24 de agosto del año 79, el Vesubio cubrió sus calles, sus casas y a buena parte de sus doce mil habitantes bajo toneladas de ceniza, y con eso -sin proponérselo- conservó una civilización entera para quien supiera, siglos después, ir a buscarla.
A pocos kilómetros de esa quietud, la costa de Sorrento eligió otro destino: el de seguir viva, cítrica, en movimiento. Donde Pompeya se detuvo, Sorrento continuó cultivando limones, tallando madera con la técnica de la taracea y abriendo sus salones a artistas como Francisco de Goya. Dos formas distintas de que el tiempo deje huella en la misma bahía.
Ciao Florence conecta ambos mundos en una sola jornada que sale de Roma antes de que la ciudad despierte del todo. No es un traslado: es una manera de entender que el sur de Italia se explica mejor cuando se lo recorre en el mismo día que se lo prueba, se lo mira y se lo camina.
ROMA AL AMANECER: LA PARTIDA HACIA EL SUR
La cita es en Piazza del Popolo, a las 7.30, cuando la plaza todavía le pertenece a los primeros corredores y a las palomas antes que a los turistas. Desde ahí, el micro toma la autopista hacia el sur y Roma se va quedando atrás como un decorado imperial que da paso, de a poco, a otra Italia: la de las colinas de Campania, los cítricos y el golfo de Nápoles asomando entre curvas. El paisaje cambia antes que el reloj, y esa transición -de la piedra de Roma al verde y celeste de la costa sorrentina- ya es parte de la experiencia.
SORRENTO: EL LIMONCELLO COMO RITO DE BIENVENIDA
Sorrento recibe con una copa. La degustación de licores -el limoncello a la cabeza, con sus variantes de crema y su primo de melon- se acompaña de dulces típicos que funcionan como presentación formal de la región: nada se explica con palabras que no puedan decirse mejor con el paladar. La tradición viene de los limoneros que cubren las terrazas de la península desde hace generaciones, cultivados en huertos que todavía se riegan y se podan a mano, como si el tiempo industrial no hubiera llegado hasta esta costa.
Después queda tiempo libre para almorzar frente al golfo y para perderse por las calles empedradas del centro histórico, entre balcones con flores, plazas con mesas afuera y las tiendas de taracea sorrentina -esa marquetería minuciosa, hecha con incrustaciones de maderas de distintos tonos, que llevó el nombre de la ciudad por el mundo entero-. Los encantos de Sorrento están, sobre todo, en esa escala caminable: acantilados que caen sobre el Tirreno, callejones que desembocan de golpe en un mirador, y una manera de vivir el mediodía que no tiene apuro.
VILLA FIORENTINO: GOYA LLEGA A LA COSTA SORRENTINA
En pleno Corso Italia, la Villa Fiorentino es la sede de la Fondazione Sorrento, la institución que desde hace décadas cuida el patrimonio cultural de la península. Hasta el 11 de octubre, sus salas albergan "Bianco Nero Sogno", una muestra curada por el historiador de arte Luca Baroni que reúne más de cien grabados de Francisco de Goya: los Caprichos, los Desastres de la guerra, La Tauromaquia, los Disparates y la serie D'Après Velázquez conviven en blanco y negro, revelando al Goya más incisivo y visionario, el que habló de poder, superstición y violencia con una modernidad que todavía incomoda. La villa suma, además, una colección permanente de cajas de música de la familia Salierno y una muestra dedicada al arte de la taracea sorrentina -el mismo oficio que se asoma en los escaparates del centro-, dos razones más para cruzar su puerta antes de volver a la calle.
POMPEYA: LA CIUDAD QUE EL VESUBIO DEJÓ A MITAD DE CAMINO
Llegar a Pompeya después de Sorrento es cambiar de siglo sin moverse del mismo golfo. Lo que hoy se camina como sitio arqueológico fue, hasta ese 24 de agosto del año 79, una ciudad próspera de unos doce mil habitantes: casas con jardines y fuentes, un anfiteatro para veinte mil personas, tabernas, termas y talleres de artesanos que vivían del vino y del aceite de una tierra volcánica y fértil. La nube de ceniza y gases que el Vesubio lanzó a kilómetros de altura, y la corriente piroclástica que bajó horas después a más de cien kilómetros por hora, no destruyeron Pompeya: la sellaron. Por eso, cuando las excavaciones empezaron en 1748, la ciudad apareció casi intacta -con el pan todavía en los hornos, los mosaicos en su lugar y los famosos moldes de yeso que reconstruyen, hasta hoy, la postura exacta de quienes no llegaron a escapar-, y por eso es, desde 1997, Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.
Recorrer sus calles de basalto se entiende mejor de la mano de quienes las conocen a fondo. El conocimiento y la calidez de los guías son, para quienes hacen esta excursión, uno de los grandes privilegios del día -la misma calidez con la que Sorrento recibió unas horas antes-. Con ellos, cada ruina deja de ser una piedra más y se convierte en el final de una historia concreta: la de alguien que vivió ahí, que trabajó ahí, que un día de agosto no imaginó que esa ciudad sería, dos mil años después, la manera en que el mundo entero conocería su nombre.
Al final del día, cuando el micro toma otra vez la autopista hacia Roma, quedan dos Italias distintas mezcladas en el mismo recuerdo: la ciudad que el Vesubio interrumpió para siempre y la costa que decidió seguir viviendo, cítrica y liviana, a pocos kilómetros de distancia. No hace falta elegir entre una y otra -esta excursión no pide esa elección-: alcanza con haber estado en las dos en un mismo día para entender que el sur de Italia no se resume, se recorre. Quien vuelve esa misma noche a Piazza del Popolo, vuelve con una versión más completa de lo que significa este pedazo de mundo.
GO RESUME
Excursión: Pompeya y Sorrento con degustación de limoncello
Organiza: Ciao Florence
Salida: Piazza del Popolo, Roma - 7.30 hs
Incluye: degustación de licores y dulces típicos en Sorrento, tiempo libre para almorzar y recorrer la ciudad, visita a la Fondazione Sorrento (Villa Fiorentino) y a las ruinas de Pompeya
Regreso: a Roma, por la noche
Reservas: Ciao Florence (www.ciaoflorence.it)
Victorio Vellido Rubinetti
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