TERRITORIO ENERO VOLVER
Ocho años mirando el río le bastaron a Enero para entender que el descanso también podía tener forma de campo. En Tortugas encontró la versión de sí mismo que todavía no había probado.
Enero Tortugas nace donde el mapa de Buenos Aires empieza a llamarse campo. A pocos minutos de la Panamericana, sobre una hectárea que perteneció al histórico predio de la familia Roviralta -la misma tierra fundacional del Tortugas Country Club, el primer club de campo del país-, el grupo detrás de Enero Costanera decidió trasladar su universo a zona norte sin resignar la promesa que lo hizo célebre: que cualquier día del año pueda sentirse como el primero de las vacaciones.
Después de ocho años de gestión sobre la Costanera porteña, la marca eligió Pilar para dar su siguiente paso, en un movimiento que responde tanto a una lectura del territorio como a una historia personal. El proyecto empezó a tomar forma hace cuatro años, cuando Toto Lafiandra, socio y director de Marketing del grupo, identificó en su propia zona de origen una demanda que todavía no tenía dónde alojarse: un punto de encuentro que combinara gastronomía de autor, coctelería y sociabilidad sin necesidad de cruzar hacia la Ciudad.
El resultado es un restaurante de 1.000 metros cuadrados cubiertos, pensado como una extensión natural del paisaje que lo rodea y no como una imposición sobre él.
UNA HECTÁREA PARA REINVENTAR EL RITUAL
El ingreso anticipa el resto: un estacionamiento con capacidad para 200 vehículos y una recepción con sillones de espera funcionan como antesala antes del salón principal, donde los boxes revestidos en terciopelo azul, las grandes arañas de techo y una barra de estilo exótico construyen una atmósfera propia. Hacia un costado, el sector VIP despliega una mesa para 24 personas, pensada para privacidad en reuniones y celebraciones; la galería, en cambio, propone una conexión más abierta con el entorno. Entre todos sus ambientes, Enero Tortugas puede recibir hasta 300 personas por turno, y ahí, en un extremo, aparece Aguaviva, la barra que reúne más de 200 etiquetas de licores y espirituosos y que ya tiene identidad propia dentro del universo Enero. Hasta en los baños -con bachas de piedras de río y mármoles verdes- se sostiene la misma obsesión por el detalle.
EL ENTORNO: TORTUGAS Y SU CAMPO CENTENARIO
La elección del predio no es un dato menor. Tortugas es, desde 1930, sinónimo del primer club de campo fundado en el país, un territorio históricamente asociado al polo, a la vida social de zona norte y a un modo de habitar Buenos Aires que privilegia el espacio verde por sobre la densidad urbana. Sobre esa misma tradición territorial -una hectárea que integró el campo de los Roviralta- Enero construyó un espacio que dialoga con el paisaje: un jardín con fogonero para más de 15 personas, donde los fines de semana se despliega la propuesta "Experiencia fuegos" con asador a la cruz, y un establo restaurado que conserva las piezas originales del predio, hoy reconvertido en un salón con cava privada para más de 40 comensales, reservado a eventos corporativos y celebraciones.
ITALIA, LA PATAGONIA Y EL FUEGO EN UNA MISMA CARTA
Crecí en Pilar y con el tiempo fui viendo que faltaba un lugar donde la gente pudiera reunirse, disfrutar de buena gastronomía y quedarse, sin tener que ir hasta la ciudad.
Enero no cambió el río por un campo: cambió el ritmo. En Tortugas, el descanso también tiene raíces, y el after empieza a mediodía.
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