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Petunia Ibiza: un escondite de lujo con vistas a Es Vedrá

Aquí no llega el estruendo de los bafles ni el barullo de los chiringuitos, solo el rumor de la brisa del mar y las mágicas vibraciones que desprende Es Vedrá.

"Petunia Ibiza, hemos llegado. Llevo 20 años trabajando en la isla, ¡y nunca había traído a nadie hasta aquí!" comenta el taxista, que, como nosotros, no puede apartar la mirada del islote de Es Vedrá, que sobresale imponente en el horizonte.

La primera impresión al traspasar las puertas de este hotel ubicado en el suroeste de la isla pitiusa es que, más que en un hotel, acabamos de llegar a un pueblecito ibicenco, con sus coquetas casas blancas, su plaza, sus jardines y su huerto.

Un adormilado gato levanta la cabeza al oírnos llegar, pero enseguida continúa con su siesta a la sombra de una palmera.

Puede que suene extraño, pues ni siquiera hemos hecho el check-in, pero una agradable sensación ha empezado a apoderarse de nosotros y no sabemos muy bien cómo explicarlo: podríamos decir que... nos sentimos en casa.

¿POR QUÉ RESERVAR?

Porque, tras una intensa remodelación, Petunia Ibiza se presenta como uno de los alojamientos más atractivos (y todavía desconocidos) de la isla: sus terrenos ahora abarcan 1,6 hectáreas y se han incorporado cinco nuevos conceptos gastronómicos.

El slow life se hace realidad en cada uno de los espacios, diseñados siguiendo un estilo bohemio y rústico que invita a relajarse y dejar atrás el caos y las prisas.

Y, la razón más importante: porque ya sea desde la piscina, el huerto, los jardines, la plaza, el gimnasio al aire libre, las terrazas o tu propia habitación, Es Vedrá estará ahí velando por que nuestra estancia sea mágica.

UBICACIÓN

Gracias a su situación estratégica en lo alto de una colina, Petunia goza de una idílica postal mediterránea como telón de fondo y además, se encuentra a un paso de la pequeña pero encantadora cala Carbó, una playa de aguas cristalinas perteneciente a la Reserva Natural de Cala d'Hort.

Muy cerca, a unos 10 minutos en coche se encuentra el municipio de Sant Josep de sa Talaia y, además de Cala Carbó, los alrededores albergan pequeños paraísos como Cala d'Hort, Cala Vedella y Sa Pedrera (también conocida como Atlantis). El aeropuerto e Ibiza ciudad se encuentra a unos 30 minutos.

ESTILO Y DECORACIÓN

Como ya te adelantamos, Petunia es un hotel en forma de pueblecito en el que reinan una arquitectura tradicional y un interiorismo bohemio, rústico y relajado en la que ninguna pieza ha sido escogida al azar: muebles fabricados a mano por artesanos locales; lámparas de mimbre, alfombras de ratán, piezas de cerámica, jarrones de vidrio soplado, antiguos aperos de labranza y objetos traídos de todas las partes del mundo -de África a Asia pasando por la Patagonia- que, juntos, conforman un hogar único en un emplazamiento único.

Las villas, habitaciones y zonas comunes están repartidas por toda la propiedad, invitando al huésped a pasear a su aire descubriendo los distintos rincones de este refugio mediterráneo: un columpio colgando de un árbol, una escultura, una zona de hamacas de madera donde disfrutar de la puesta de sol, una pérgola -en la que ya se ha celebrado alguna que otra pedida de mano-, un huerto, una pequeña boutique...

Multitud de flores y plantas flanquean cada una de las callecitas del vecindario, cada una de ellas acompañada de un cartelito con el nombre de la especie en cuestión.

En el corazón de la propiedad y rodeada de hamacas y palmeras se encuentra la piscina, un verdadero oasis donde abandonarse al dolce fare niente y caer rendido en los brazos de Morfeo.

HABITACIONES

Petunia cuenta con un total de 41 confortables habitaciones que destacan por su carácter sencillo a la par que chic, salpicado de estudiados detalles -como cojines, espejos, baúles y cuadros- elegidos ad hoc para cada una de ellas.

El hotel alberga ocho tipos de habitaciones distintas, pensadas para satisfacer los gustos y necesidades de cada cliente: las Petunia Suites -recientemente renovadas y con vistas panorámicas al mar-, las Bougainvillea Suites -terrazas y duchas al aire libre-, las Hibiscus Suites -con una terraza exterior de lo más generosa- la Es Vedrá Suite -la más romántica y exclusiva-, las Begonia Suites -con zona de descanso al aire libre-, las Magnolia Superior -con magníficas vistas desde su balcón privado-, las Lavanda Superior y las Dahlia Two Bedroom -apartamentos con dos dormitorios perfectos para familias o grupos de amigos-.

EL DESAYUNO

Los rayos de sol iluminan tímidamente la habitación anunciando un nuevo día, no obstante, dejamos la cortina entreabierta la noche anterior para que Es Vedrá fuese lo primero que viésemos al abrir los ojos. Encima de la mesa descansa el Petunia Times que el personal del hotel dejó la noche anterior para que no nos perdamos nada de lo que ocurre en nuestro pueblito balear. De hecho, esta mañana hay clase de yoga, ¡y no nos la pensamos perder!

El día no podría haber comenzado mejor: la clase de yoga con vistas al mar y a la mística roca nos ha llenado de energía y paz mental. Ya estamos listos para dar cuenta de un buen desayuno en La Mesa Escondida.

Nada más sentarnos zumo de naranja recién exprimido aparece en la mesa y el camarero toma nota de los cafés y nos pregunta si nos apetece algún plato del menú -que incluye, entre otras opciones, huevos al gusto, tostadas y granola-.

En la zona del buffet nos aguarda un auténtico despliegue donde lo difícil será elegir: fruta fresca, muesli, cereales, avena, chia, lino, yogur, miel, mermelada y bizcochos caseros, embutidos, pan recién hecho, huevos al gusto, batidos, tostadas, tortitas... y, por si lo dudabas, las mejores vistas.

GASTRONOMÍA

Petunia cuenta con cinco conceptos gastronómicos distintos, si bien todos tienen un elemento común: los ingredientes frescos y locales -en su mayoría procedentes del propio huerto del hotel- con los que elaboran cada uno de los platos.

La Mirada Rooftop, el restaurante japonés con vistas más que privilegiadas, ofrece una variada selección de sushi de la cual debemos destacar los nigiris de wagyu flameado con soja dulce y pico de gallo, de gamba roja marinada con topping de genjibre y de o-toro con caviar ossetra. En el apartado de uramakis, el de bogavante y el 'strawberry fields' son un acierto seguro. Deja hueco para el postre: el helado de sésamo y el brownie de té matcha bien merecen que les hinques el diente.

¡Y no olvides el maridaje! La carta de cócteles es el complemento ideal para brindar al caer el sol. La Mirada está abierto de 18 a 20h y tiene un programa de música en directo cuyo estilo varía según el día.

Además de albergar el desayuno, La Mesa Escondida está abierta tanto para el almuerzo como para la cena -excepto los martes- y ofrece un menú de influencias mediterráneas donde no faltan recetas como el gazpacho de temporada, los mejillones al vapor, las almejas en salsa verde y la escalivada. El pescado del día es el plato estrella aunque también hay opciones carnívoras como la hamburguesa de black angus y el secreto ibérico. Ah, no puedes irte de Petunia sin probar el tiramisú de La Mesa Escondida, que preparan delante nuestro mientras se nos hace la boca agua.

Puede parecer osado, pero lo vamos a decir: si quieres probar las mejores pizzas en horno de leña de Ibiza, reserva mesa en Los Olivos, un romántico y coqueto restaurante que recibe clientes venidos de todas las partes de la isla.

El rooftop Es Vedrá, por su parte, ofrece una carta de cócteles de temporada, cuidadosamente diseñada por el equipo experto en coctelería y que puedes acompañar con una selección de quesos, productos ibéricos y ostras frescas.

Por último, las bautizadas como Piazza y Piazzetta del hotel cuentan con la Taqueria des Vedrá, un food truck de tacos gourmet que completa la experiencia gastronómica de Petunia.

Petunia cuenta con dos gimnasios: uno al aire libre -y, por supuesto, sin perder de vista el mar- y otro interior -para cuando el calor apriete-. Las clases de yoga son uno de nuestros momentos favoritos y además están pensadas para todos los niveles.

Para desconectar por completo y regalarte un momento para ti, echa un vistazo la carta de tratamientos y terapias naturales, que incluye masajes adecuados a distintas necesidades y preferencias: relajante (que trabaja el campo físico, energético y emocional a partir de una profunda relajación), deportivo (que trabaja en las zonas donde hay sobrecargas para aliviar el dolor muscular), circulatorio (para activar la irrigación sanguínea y linfática para favorecer el intercambio celular) de cuerpo completo (que trabaja en profundidad todos los campos), facial (que relaja los músculos del rostro, mejora la circulación de la zona, reduce las líneas de expresión, tonifica los músculos y alivia la tensión, contribuyendo a un aspecto fresco y rejuvenecido) y personalizado (que se adapta a la petición del clientes para ofrecer la mejor combinación posible y mejorar su estado de bienestar).

ACTIVIDADES

Rodeado de mitos y leyendas, Es Vedrá, que sobresale unos 382 metros sobre el nivel del mar tiene también un gran valor ecológico, pues alberga 166 especies de plantas, de las cuales doce son endémicas de la región y una es exclusiva del islote (Santolina vedranensis).

Entre sus habitantes encontramos aves (como el halcón, la pardela balear, la gaviota de Audouin y el cormorán), lagartijas y varios invertebrados (como caracoles y lagartijas pitiusas).

El acceso a Es Vedrà, Es Vedranell y el resto de islotes que componen las Reserves naturals des Vedrà, es Vedranell y los islotes de Poniente, está totalmente prohibido excepto si se trata de visitas con finalidades educativas o de investigación, y siempre previo permiso.

Eso sí, nada nos impide acercarnos a ver más de cerca esa misteriosa roca cuya silueta recuerda a un dragón dormido. ¿Cómo? A bordo de las Barcas Petunia, dos zodiacs que los huéspedes del hotel pueden reservar para salir a navegar. César, el patrón, será vuestro guía en una emocionante aventura en la que podrás ver de cerca Es Vedrá (dicen que nadar hasta ella y tocarla da buena suerte), hacer esnórquel, avistar halcones y darte un baño en las aguas de Cala d'Hort.

Todo el personal del hotel es de lo más atento y servicial, hasta el punto de que en el desayuno solo tendrás que pedir el café el primer día. A la mañana siguiente, ya habrán tomado buena nota de tus preferencias. Además, no dudes en pedirles recomendaciones sobre la isla y, si lo tuyo es la jardinería, estarán encantados de hacerte un tour por los jardines y los huertos. Incluso Petunio -así bautizamos al minino que nos recibió el primer día, sin mucho entusiasmo todo sea dicho- nos saluda con un maullido cuando nos ve paseando por los jardines. Eso significa que ya somos, oficialmente, habitantes de este pueblo de ensueño llamado Petunia.

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