Ski VOLVER

Un Invierno entre montañas

La Cordillera de los Andes ofrece sus laderas cargadas de nieve para que deportistas y aficionados, fanáticos y principiantes, habitués y recién llegados disfruten de un mundo especial, al que se puede empezar a conocer a través de esta guía de novedades.

La temporada de esquí es estresante. Fantástica, pero estresante. Suena raro, porque la nieve está asociada a las vacaciones, a los eventos deportivos, a la libertad de desplazarse entre el azul del cielo, el blanco de las montañas y, en algunos cerros, el verde de los bosques. Y aún así, hay un cierto estrés. Justo antes de iniciar la temporada aparece la ansiedad. ¿Nevó? ¿No nevó? Y se consultan el pronóstico, los sitios webs especializados, las páginas de los centros de esquí. Y se llama a los familiares y amigos que viven en la Patagonia o en Mendoza; o se le escribe al amable señor de la hostería que se visitó el año anterior. Incluso hay quiénes exploran los efectos del niño, la niña y toda la familia climática para tratar de vaticinar si la nieve estará allí dónde se la espera. Y ese es el primer paso. El segundo es decidir a dónde irá uno a encontrarse con el cerro cara a cara. Tarifas, semanas, descuentos, productos novedosos, celebridades, eventos. Claro que para quienes no están en su primera temporada, esto resulta más fácil: cada montaña tiene su personalidad; y cada esquiador se lleva mejor con alguna montaña. Con su montaña.

Valles para esquiadores

En Argentina, cuando se habla de un valle nevado el primer nombre que viene a la mente es el de Las Leñas. El valle, así, a secas, alcanza para remitir a esas 17.500 hectáreas entre pistas y fuera de pistas que se desparraman entre los 2240 metros sobre el nivel del mar de la base y los 3430 de la cumbre más alta. Esas cinco letras se asocian a una infraestructura que incluye 13 medios de elevación, 6 hoteles y edificios de departamentos y casi 20 alternativas gastronómicas. Pero desde hace tiempo, Las Leñas se ha empeñado en trascender la mera acumulación de servicios al viajero, para concentrarse en proveer experiencias que valga la pena contar en la oficina o a los amigos al regresar de un ski week.

De eso se trata, por ejemplo, la propuesta de Extreme Expedition, excursiones fuera de pista en las que se puede bajar laderas vírgenes o incluso ser el primero en dejar la marca de las tablas en la nieve. Para llegar a esos sitios alejados y especiales se utilizan los pisa nieve Pisten Bully 300, en los que se viaja junto a un guía y un pistero. De este modo seguridad y adrenalina se cruzan en una misma actividad. Lo mismo puede decirse del esquí nocturno. Las Leñas es la única estación de Sudamérica que ofrece esta posibilidad. Sábados y miércoles, cuándo las condiciones meteorológicas lo permitan, las pistas de Minerva y Eros se unirán para formar un recorrido de 2000 metros completamente iluminados. Los más chicos también tienen también su chance de aventuras. El Zeus Freestyle Team es un programa pensado para adolescentes de 13 a 17 años que buscan correr los límites de su experiencia en la nieve. Apunta a enseñarles cómo aprovechar lo mejor del estilo libre, convirtiendo al centro de esquí en su propio parque de diversiones. Claro que con un cierto control que ayude a mantener la seguridad propia y de los demás esquiadores. Esta preocupación por cuidar al visitante se traduce en algunas acciones que, aunque no sean vistas por todos marcan una diferencia. Como en el caso de la instalación de un total de 13 Gazex, un eficiente sistema de control remoto de avalanchas que permiten controlar los riesgos después de las nevadas más fuertes. La infraestructura puesta al servicio del esquiador aparece también en servicios como la fabricación de nieve a través de 30 cañones que aseguran que el esquí en la zona baja y media de la montaña. E incluso detalles únicos como el wi fi en todo el valle y las webcams diseminadas en diversas pistas ayudan a completar una experiencia diferente. En cualquier momento se puede ver a través del celular cómo se encuentra el sector a dónde se quiere llegar.

Más al Norte, y al otro lado de la Cordillera, esta tendencia a combinar un alto nivel de servicios con propuestas para esquiadores cada vez más extremos, se repite en Valle Nevado. Pero con la ventaja de que en este caso el enorme centro de esquí, con sus 9000 hectáreas esquiables, se ubica a solo 60 kilómetros del aeropuerto internacional de Santiago de Chile. Valle Nevado está a 3025 metros sobre le nivel del mar y se puede conectar a través de sus pistas con las estaciones vecinas de El Colorado y La Parva. Como es uno de los cerros más jóvenes de la región, sigue en constante evolución. Así esta temporada le sumó a los ya conocidos edificios Valle Cóndores I y II, Valle del Sol y Valle de la Luna un complejo de departamentos orientados a proveer estadías que, sin ser costosas, sean confortables. Con eso basta y sobra para tener un refugio acogedor a dónde regresar cada tarde después de exigir el cuerpo hasta el límite.

Por ejemplo, saltando en el Half Pipe, el único reconocido por la FIS (Federación Internacional de Snowboard), que es un imán para jóvenes y no tanto. Pero la exigencia del snowpark es nimia cuando se la compara con la posibilidad de aventurarse en un descenso de mil a dos mil metros de desnivel en Tres Puntas o Parraguirre. Con la custodia, guía y auxilio de expertos que cargan en sus mochilas un manojo de certificaciones en nieve, avalanchas, socorrismo y montañismo, y a bordo de un helicóptero se puede llevar la pasión por el esquí a niveles insospechados. Los poco más de mil dólares que cuestan tres bajadas por laderas solo aptas para insanos hacen que el producto heliski tenga una relación precio adrenalina insuperable.

Familias aventureras

Cada año los centros de esquí buscan la manera de diferenciarse entre sí; tratan de comunicarles a los potenciales clientes que es allí y no en otras pistas donde encontrarán lo que buscan. Cuanto más nueva sea o más alejada esté esa estación, se supone que más esfuerzos deberá hacer para seducir a los viajeros. Pero a Caviahue, un joven centro de esquí ubicado a 350 kilómetros del aeropuerto más cercano, la naturaleza le ha facilitado enormemente ese trabajo. ¿Dónde más puede uno llegar hasta el borde mismo del cráter de un volcán y regresar esquiando? ¿Cuál otro puede exhibir el perfil único de las araucarias centenarias?

La geografía del lugar, con sus grandes extensiones de campo nevado, hace que incluso los menos dados a calzarse las tablas puedan disfrutar en serio. Salir en moto de nieve hasta un pozo geotérmico o hacia el Cerro Mesa; caminar con raquetas en un bosque de araucarias hasta una cascada congelada; o disfrutar de las "Cenas Estelares" a la luz de las velas en la confitería Pehuén, a donde se accede en motos de nieve o vehículos orugas, son propuestas para variar el menú de cada día. Y justamente estos snowtracks son los responsables de una postal que solo se da aquí y que hace acordar a sitios como Yellowstone en invierno. El volcán, la laguna Hualcupen y el salto del Agrio son los destinos de estas salidas realmente alternativas, porque permiten disfrutar de la nieve de otro modo. La mejor combinación, reservada para esquiadores avezados, incluye el traslado hasta el cráter mismo del volcán, a 3000 metros sobre el nivel del mar, y luego un descenso de más de 8 kilómetros fuera de pista.

Al mismo tiempo, el estilo del centro de esquí y su ambiente familiar, hacen que sea perfecto para combinar la aventura personal con los momentos de juegos y relax con los más chiquitos. Algo muy similar a lo que se puede vivir en otra montaña neuquina, el Cerro Chapelco. Ubicado a solo 20 kilómetros de San Martín de los Andes, es una de las estaciones de esquí con más historia en el país y desde hace algunos años se ha embarcado en un proceso de mejoras que le ha devuelto su brillo. Chapelco tiene una altura de 1.980 metros sobre el nivel del mar, 24 pistas de distintos niveles de dificultad y más de 140 hectáreas de área esquiable. Pero como es norma en estos días, además propone un snowpark y tres circuitos fuera de pista: los Chapelco Back Bowls son los puntos más extremos y con la mejor nieve. En paralelo, el cerro tiene una de las escuelas de esquí y snowboard más grandes y reconocidas, que involucra también al Jardín de Nieve -para niños de 3 a 5 años - y a la Guardería para niños de 3 meses a 3 años. Los chicos también tienen su propia web, www.chapelcochicos.com.ar, en donde pueden jugar y subir fotos; o mostrar sus habilidades para el freeride, freestyle y el boardercross en un micro infantil a cargo del cronista exclusivo "The Cold Hunter". Es que aquí siempre pasa algo que vale la pena contar y esas es una de sus virtudes: la agenda invernal más completa, o al menos una de las más interesantes. El clásico Tetratlón que es te año su vigésimo quinto aniversario y el World Polo Tour, que reunirá por segunda ocasión a los grandes del polo que se animan a jugar en la nieve son apenas un par de citas que conviene marcar en el calendario.

Para esquiar sin parar

Hay varias marcas que distinguen a La Hoya y que pasan inadvertidas. No solo es el cerro más cercano a una ciudad (apenas 13 kilómetros desde Esquel), sino que además suele ser el último en cerrar, el tercer fin de semana de octubre. La orientación Sur de sus pistas hace que la nieve se mantenga en buena condición durante la temporada, incluso cuando en otros cerros el sol primaveral empieza a hacer estragos, con la sucesión de nieve sopa, cada tarde y nieve recongelada, cada mañana. A esto, La Hoya le suma otros dos grandes atributos. Para las familias es una gran ventaja que todas las pistas converjan en un mismo punto (donde está la Confitería La Piedra), de manera que los chicos pueden vagar libremente por la montaña sin mayores riesgos, mientras sus padres hacen lo propio despreocupados. La segunda cualidad seduce a expertos y a temerarios: los fuera de pistas están realmente a mano. Con solo caminar unos minutos es posible encontrarse con bajadas imponentes, casi siempre por cañadones profundos en donde se acumula gran cantidad de nieve. La Hoya no es un cerro para mostrarse, sino para disfrutarlo hasta el último minuto del día. Y hay quienes la sienten como su montaña, algo que ocurre en cada cerro de la Cordillera.

Tomás Natiello

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