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Encontrar el norte

Emprendimos un viaje por territorios de costumbres ancestrales, cruzando senderos salteños, jujeños y tucumanos. El Norte argentino gratifica con enclaves inexplorados, colosales cardones, apachetas a la vera del camino, pastores desandando solitarios cerros y distancias que se expresan con un simple "ahicito nomás". Recorrimos valles, la Puna y sus salares y fuimos de las montañas a las yungas a lomo de caballo, todo con un diáfano cielo azul profundo, el sol más brillante y el aire más puro que se pueda respirar.

Partiendo desde las afueras de Tilcara, en el corazón de la Quebrada de Humahuaca, una cabalgata de cuatro días por sendas preincaicas permite alcanzar Calilegua, en el sudeste de Jujuy. 

La experiencia transcurre entre montañas, la Puna y la nuboselva; peregrinando por estrechos pasajes de cornisa y caseríos donde se para descansar y comer; y recolectando postales de sublime encanto y vivencias cotidianas de sus pobladores. 

A paso tranquilo, los caballos siguen los zigzagueos del río Huasamayo para llegar a la quebrada de Alfarcito, internándose en el mismo camino que empleaban los indios omaguacas hace ocho siglos atrás. Acompañan en el trayecto los típicos cardones quebradeños, apachetas, pircas de piedras y hasta terrazas de cultivo abandonadas, sólo deterioradas por el paso del tiempo. En cuatro horas se trepa hasta los 4.100 metros en el Abra de Campo Laguna, para luego descender hasta Corral Ventura y dormir en Huaira Huasi.

En la segunda jornada, la más liviana de la travesía, se llega al paraje Molulo, abandonando el paisaje de Puna para ingresar a un área de transición hacia la selva de vegetación más frondosa. 

Senderos de tierra colorada y un ámbito más húmedo caracterizan al tercer día de la cabalgata, que tiene como destino a la población de San Lucas, la más importante que se cruza en el recorrido. Tras hacer noche allí, se enfrenta el final del periplo, ya en plena yunga, subiendo y bajando por galerías selváticas donde tímidamente penetran los rayos del sol. Una cascada de 60 metros de altura es la última atracción que depara este paseo a caballo de cien kilómetros, que culmina con el regreso a San Salvador de Jujuy en camioneta.  

Puna, salinas y viñedos

Descubrir la Puna salteña es una de las experiencias más fascinantes que pueden encontrar quienes vayan a la tierra de Güemes. Kilómetros de aridez absoluta, de silencios presentes y polvaredas, donde las hojas y tés de coca son buenos aliados para un itinerario bajo un penetrante sol y un cielo azul profundo. 

Después de transitar la imponente quebrada del Toro, pasar por el antiguo asentamiento indígena de Santa Rosa de Tastil y ascender el Abra de Muñano, se arriba a San Antonio de los Cobres, una remota aldea minera de casas desperdigadas a 3.774 metros sobre el nivel del mar. Desde ese punto, es ineludible desviarse una veintena de kilómetros para contemplar una monumental obra de ingeniería, el viaducto La Polvorilla, donde concluye su trayecto el Tren a las Nubes.  

Desde San Antonio hacia el norte, tomando la Ruta 40, se llega finalmente a las Salinas Grandes, una vasta superficie blanca compartida por las provincias de Salta y Jujuy. El terreno seco y resquebrajado regala una sucesión de dibujos geométricos de dimensiones diversas a medida que se avanza sobre él. Allí es posible ver cómo algunos pobladores, de pieles curtidas por el viento y el sol, aún llevan a cabo la trabajosa extracción de sal en los piletones con métodos arcaicos, mientras que otros ofrecen artesanías realizadas con el compacto mineral. Aguardar el atardecer en el enclave garantiza una de las mejores escenas norteñas. 

Quienes deseen ver más salares, desde San Antonio de los Cobres, y con vehículos en buenas condiciones debido a las pendientes y alturas que sobrepasan los cuatro mil metros, pueden emprender viaje rumbo a Tolar Grande por la Ruta Provincial 129. El periplo introduce en el sector más desértico de la Puna, caracterizado por hermosas tonalidades, y conduce, entre bancos de yeso, volcanes y picos cordilleranos, a los salares de Pocitos, Tolar Grande y Arizaro.

Contrastando la desolación puneña, en el sur de la provincia de Salta, Cafayate brinda un microclima bondadoso y un territorio rústico pero que deja florecer las vides, sobre todo la uva de tipo torrontés. Tradicionales bodegas tienen ahí su centro de producción -muchas abiertas al turismo- y junto a una cocina que amalgama la herencia española e indígena, Cafayate se ha convertido en un destino gourmet. 

Además de visitar la pintoresca villa, en los alrededores es factible realizar variadas actividades de turismo activo. Sobre la Ruta 40, La Estancia de Cafayate es uno de los desarrollos inmobiliarios más nuevos y exclusivos de la zona, que cuenta con hotel de primer nivel, 72 hectáreas de viñedos, bodega, complejo ecuestre con canchas de polo y un campo de golf de 18 hoyos y par 72, diseñado por Bob Cupp. Para apasionados del vino, los caballos y el golf el lugar resulta una atractiva experiencia, incluso para adquirir un espacio propio en ese oasis salteño de gran belleza natural. 

Tiempo de celebración 

Al hablar del Norte inexplorado, no pueden omitirse sus celebraciones típicas. Es que en una región de sólidas raíces, las festividades se multiplican y son una oportunidad ideal para involucrarse en la cultura local. Sólo dependerá en qué momento del año se viaje para poder vivenciarlas. 

En Salta, agosto es sinónimo de culto a la Madre Tierra, sobre todo en San Antonio de los Cobres y Tolar Grande, donde se lleva a cabo la Fiesta Nacional de la Pachamama de los Pueblos Andinos; mientras que en septiembre, el valle de Lerma reúne a fieles del Señor y la Virgen del Milagro en una ceremonia de fe y adoración. 

Por su parte, la pequeña localidad de Casabindo, en Jujuy, atesora una de las festividades más singulares de toda Sudamérica: el Toreo de la Vincha. Como hace cientos de años, cada 15 de agosto se realiza la única corrida de toros del país bajo la premisa de no lastimar al animal que participa de la faena. 

Manteniendo su esencia, este ritual -mezcla de religión y tradición pagana- congrega a visitantes de diferentes latitudes. Es entonces cuando el enclave, ubicado a 277 kilómetros de San Salvador y a más de 3.300 metros de altura, pierde momentáneamente su apacible perfil para expresar la devoción a la Virgen María o "la Mamita", como la llaman los lugareños. La jornada casabindeña comienza con una misa en la iglesia de la Asunción, del siglo XVIII. Luego, los colores y los arreglos florales invadirán la procesión que gira en torno a la plaza de toros. Y después del mediodía, los improvisados toreros inician su muestra de fe, procurando arrancar una cinta roja con monedas de plata ceñida a una de las astas del toro, para ofrendar a la Santa Patrona. 

Tesoros arqueológicos 

Dentro del circuito de los Valles Calchaquíes tucumanos, después de pasar por la bella Tafí del Valle -o "el pueblo de la entrada espléndida", como la llamaron los diaguitas- se encuentra uno de los mejores patrimonios arqueológicos del Norte argentino. Será necesario proseguir por la Ruta Provincial 307 hasta Amaicha del Valle y luego por la 357 hasta las Ruinas de Quilmes. 

A 164 kilómetros de la capital tucumana, con cerros y valles multicolores, Amaicha presenta un significativo legado histórico y arqueológico. El atractivo inevitable es el Complejo de la Pachamama que refleja el estilo de vida de la cultura diaguita-calchaquí. El espacio que rinde homenaje a la Madre Tierra se destaca por su patio de esculturas y además posee cuatro salas dedicadas a etnología, geología, tapices y pinturas. Distante a 22 kilómetros se ubican las Ruinas de Quilmes, último bastión de la resistencia aborigen frente al avance español. La ciudadela fue reconstruida parcialmente y en la falda del cerro Alto del Rey es posible reconocer el área residencial, una fortaleza situada en la cima y dos fortines a ambos costados, sobre la cornisa. En el Museo de Sitio se exhiben diversas piezas recolectadas en excavaciones. 

Geografía heterogénea, cultura, tradiciones ancestrales y escenarios cautivantes, permiten afirmar que todo viajero que llegue a la región más septentrional del país, encontrará el verdadero Norte. 

Victoria Molina

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