Puerto Natales VOLVER

Una ventana hacia el mundo austral

Montañas, glaciares, cielos eternos y un inmenso mar ilustran las postales de Puerto Natales. Aquí, no solo la naturaleza incita al descanso: un exclusivo circuito gourmet conformado por pintorescos bares y restaurantes salpica los callejones de esta pequeña ciudad.

Cruzar la inmensa Cordillera de los Andes, descubrir un pequeño rincón a orillas del Canal de Señoriet y abrir la puerta hacia el deslumbrante Parque Nacional Torres del Paine son acciones indisociables de esta pequeña ciudad de la región de Magallanes que es Puerto Natales, sitio clave en la Patagonia Chilena.

Aquí el viento no da respiro y un pintoresco muelle de madera invita a contemplar un mar de aguas azul profundo y rebeldes olas. Desde la costa, se vislumbran algunos navíos encallados, que se exhiben como una postal indispensable. Una rambla de adoquines, con farolitos y rústicos bancos de madera, sirve de escenario para que parejas abrazadas caminen sin pensar en nada; o para que las familias observen a sus niños correr en total libertad; incluso para que los turistas deambulen fotografiando todo cuanto encuentran a su paso.

Es entonces cuando la ansiedad por comenzar a recorrer esta maravillosa ciudad comienza a fluir, y entre horizontes lejanos que se unen con altísimas montañas, aguardamos al vehículo que nos guiará hasta el hotel, con el único objetivo de transitar una inolvidable experiencia austral.

Una ciudad boutique

Nuestro inconfundible acento argentino nos impide pasar desapercibidos y, entre pregunta y pregunta, Carlos nos conduce hasta el hotel. Haciendo gala de nuestras cualidades "argentas", consultamos si no podría ofrecernos una breve recorrida por el centro de la ciudad. Él asintió y, anotador en mano, comencé a preguntar acerca de la historia local.  Mientras pasábamos por la Plaza Arturo Prat, en cuyo entorno se ubican los edificios municipales y la Iglesia María Auxiliadora, Carlos relataba que Puerto Natales fue fundada en el año 1911, por inmigrantes escoceses y alemanes que llegaron a la región para comercializar carne de cordero y lana hacia Europa.  Desde la misma plaza se puede apreciar el Museo Histórico, un espacio dedicado a dar testimonio de la vida de las primeras comunidades australes y de la colonización, en el que se atesora una importante colección de objetos y fotografías. Otra estructura que se impone es La Mano, una escultura urbana que viste a la costanera y que es una réplica de las que se encuentran en Punta del Este y en el Desierto de Atacama.    Mientras avanzábamos entre calles laberínticas, me sorprendía la arquitectura, que aún conserva el estilo inglés de principios del siglo XX, y que a su vez se combina con armónicos detalles que denotan cierto estilo "boutique", tanto en hoteles como en restaurantes.  Luego del paseo, llegamos al hotel. Carlos nos despidió mientras nos ayudaba con el equipaje. Un edificio de prudente fachada nos recibió, y unos metros más adelante, al atravesar el hall, una estructura grandiosamente minimalista nos dejó perplejos. Allí nos recibió Branko, gerente de marketing del hotel. Tras una breve y cordial bienvenida, nos acompañó hasta nuestros respectivos cuartos. Cuando hablamos del hotel, hablamos del Indigo, alojamiento boutique con un estilo que recuerda al de los lodges nórdicos, por su arquitectura y diseño de vanguardia. 

Cuenta con 29 habitaciones, seis de ellas en suite, distribuidas alrededor de un espacio central. Uno de los detalles más sorprendentes es la vista desde los ventanales: un paisaje de luces surrealistas, glaciares, fiordos y la infinita pampa austral.

Más tarde, nos encontramos de nuevo con Branko para conversar. Amablemente nos invitó a compartir un aperitivo y nos contó acerca de los orígenes de este maravilloso hotel design. Parece ser que la inspiración de Sebatián Irarrázaval, quien fuera su mentor, surgió de las embarcaciones Navimag, un medio de transporte que sirve de contacto entre Puerto Natales y el exterior. La combinación de materiales como pizarra, hierro, concreto y maderas nativas abre paso a amplios espacios que son conquistados por innumerables hilos de luz. Una mezcla de rampas, puentes y escaleras permite circular por el interior del hotel, en cuyos espacios se confunden cálidos colores en tejidos y maderas que coronan la decoración del lugar. 

En Indigo todo es de primer nivel y los servicios de spa y gastronómico no son la excepción. En el sexto piso se ubica el spa, cuidadosamente construido con maderas nativas. Aquí, el relax y la meditación son las premisas básicas, las que permitirán disfrutar de un ámbito con tres jacuzzis termales con vista al fiordo Buena Esperanza y el glaciar Balmaceda, una sala de relax, sauna y dos salas de masaje con vista al Macizo Paine Grande.  El restaurante mantiene el mismo estilo minimalista, con amplios espacios luminosos. Su oferta gastronómica se centra en los sabores regionales como el cordero magallánico y el ternero de las pampas australes. Y por supuesto en platos a base de pescados y mariscos frescos de la zona, como la centolla de los fiordos. Desde el Lounge Bar y al calor del fuego de la chimenea, se pueden observar las pintorescas casas de colores que dan vida al pueblo de Puerto Natales, mientras se degustan algunas de las quince variedades del tradicional "pisco sour".

La tríada perfecta

Al día siguiente nos recibió un cielo soleado, aunque bastante nuboso. Luego de un desayuno frugal, emprendimos el camino hacia nuestra primera travesía: el Parque Nacional Torres del Paine. Tras un trayecto de poco más de una hora y media, arribamos a esta área protegida de 242.000 hectáreas, reconocida como Reserva de Biósfera por la UNESCO.  Los sentidos se regocijan ante la majestuosa presencia natural. Lagos, glaciares, praderas, cascadas, bosques y las vedettes del lugar: la tríada de torres de granito que dan nombre al lugar. El menú de alternativas para recorrer el parque va desde un circuito de trekking y campamento de una semana hasta complejas expediciones con escalas de dos o tres días.  Por supuesto, y a los efectos de optimizar nuestra estadía en Puerto Natales, nos decidimos por un tradicional paseo lacustre, combinado con un trekking corto por senderos boscosos. Una pequeña embarcación nos esperó a orillas del Lago Grey, donde emprendimos el viaje hacia el corazón de los glaciares.  Luego de unos minutos de navegación, un inmenso muro blanco apareció como obstáculo insalvable. La embarcación tomó cierta distancia y detuvo su motor. Allí nos sentamos frente al escenario para la función que comenzaría en cuestión de minutos. En medio de tanta inmensidad y silencio, un indescriptible sonido se estrella contra las profundas aguas. Grandes masas de hielo se desprenden del ventisquero y viajan hasta la orilla de la playa de arenas volcánicas. Finalmente, emprendimos el regreso a tierra, para encarar una caminata nos permitiría continuar disfrutando de esta impactante reserva. El cielo pareció abrirse a nuestro paso y, de repente, las nubes desaparecieron dejando un cálido sol como guía. Ya inmersos en un bosque de lengas, ñires y arrayanes vislumbramos unos pequeños saltos de agua, que nos condujeron luego hasta unas pequeñas cascadas.  No resultó difícil ver a nuestro paso especies como guanacos o zorros, así como también flamencos y cisnes que descansan habitualmente en los espejos de agua que dejan los caudalosos ríos. Mucho más adelante, y a una altura considerable, encontramos un claro para descansar. Desde allí pudimos observar a varios cóndores que nos sobrevolaban. Luego de unos minutos, las nubes volvieron fervorosas, y con un cielo cerrado y tormentoso emprendimos el retorno, con vistas a disfrutar de un descanso reparador en el hotel.

Festival para los sentidos 

Una sesión de masajes en el spa fue la receta necesaria para continuar con nuestro paseo. La noche llegaba y con ella la posibilidad de realizar una recorrida nocturna por otra de las rutas exclusivas de Puerto Natales, la gastronómica.

Actualmente, esta pequeña ciudad de la Patagonia Chilena es reconocida internacionalmente como un polo culinario, que atrae a locales y extranjeros con paladares exigentes a reductos tan variados como pintorescas pizzerías, tradicionales parrillas, restaurantes de especialidades de mar o cafés de estilo europeo.  Una opción que llama a nuestros sentidos es un lugar de cocina fusión africano-patagónica, una combinación de platos a base de cortes patagónicos, pescados y sabores de frutas, creada por su propio dueño y cheff, que seduce con un ambiente cálido y natural, decorado con máscaras talladas en madera. Una amplia carta ofrece platos gourmet a base de mariscos, cordero, hortalizas y salmones. Luego de meditarlo unos instantes, nos rendimos ante unas costillas de cordero con salsa de menta y una ensalada de centolla con salsa de kiwi y berries. El final de la noche se acercaba, y luego de caminar unos metros, fuimos a por la degustación de un sabroso té en hebras, servido por Anne y Jeremy, en el único bar vegetariano de la ciudad.

Este circuito de intensos sabores y múltiples opciones gourmet es imprescindible para terminar de descubrir la historia y los personajes de Puerto Natales, que se expresa no solo en la exigencia de sus platos y sus presentaciones, sino también en la calidad de vida de sus habitantes, lejos de los ruidos y muy cerca de la naturaleza. Así, nuestro viaje fue llegando a su fin. Nos despedimos de Branko y de todo el personal del hotel, agradeciendo la tan cómoda y confortable estadía que nos brindaron. Nuevamente el coche recorrió la gran costanera para llevarnos hasta el aeropuerto. En lo personal, muchas son las cosas que me llevo de esta ciudad, mezcla de puerto y urbe, diversa en cada uno de los 20.000 habitantes que la pueblan. En fin, mucho más que las líneas para esta nota, me llevo la satisfacción de haber transitado uno de los lugares más australes del mundo.

Daniela Staniscia

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