Arquitectura en las costas españolas VOLVER

Viajar en el tiempo por Valencia

Esta bellísima ciudad mediterránea invita a disfrutar de largos paseos entre sus parques, plazas y edificios históricos, yendo en apenas unas cuadras desde su antiguo casco de estilo gótico a las futuristas construcciones del genial Santiago Calatrava, siempre en el marco de la calidez de su gente y de un clima inmejorable.

El hotel es quizás el más lujoso de Valencia. Como casi todos los que pertenecen a una gran cadena, es más que cómodo, prolijo hasta más allá de lo posible y un poco impersonal. Luego de una breve ducha para dejar atrás el viaje,  es el momento de empezar a descubrir Valencia cumpliendo con una suerte de rito de viajero  con mañas: mirar la ciudad desde la terraza del hotel. Normalmente, el periodista tiene pocos días para descubrir lo que a un turista le llevaría un mes; hay que beberse toda la ciudad de un sorbo y entonces cada quien desarrolla su propio método. Hay los que se dejan llevar por el destino  y los que se abandonan al programa que proponga el guía; en este caso, el instante de mirar la ciudad en soledad, en silencio y desde el punto más alto del alojamiento es crucial; es el momento de verse las caras, de imaginar recorridos, de incorporar el mapa a la mente para poder salir luego a vagabundear.  Que así es como se conocen las ciudades.  Aún sin saber exactamente qué es qué, las formas del paisaje urbano empiezan a subyugar. Se ven construcciones modernas, claramente vanguardistas; y a pocas cuadras antiguas torres que demarcan la ciudad gótica. Cúpulas y migueletes; puentes centenarios sobre un  cauce seco donde hoy florecen el verde y la arquitectura; a lo lejos, pero no tanto, el mar confunde sus celestes con el cielo; un tono terracota distingue al casco antiguo de sus alrededores, mientras el horizonte se ve invadido de grúas que dicen Valencia sigue creciendo.  Como lo viene haciendo desde hace más de 2000 años. Fundada por los romanos en el año 138 a.C., no suele aparecer entre las prioridades de los viajeros que miran a Barcelona, Madrid y Sevilla como el trío de imperdibles españoles. Sin embargo,  a fuerza de encanto y diversidad, Valencia reclama su lugar en la lista. Así como por años se alabaron las bondades de la dieta mediterránea por saludable y perfecta, lo mismo podría decirse de las ciudades que se bañan en ese mar. Su clima benigno, su tamaño moderado, su vida incesante y su riquísima historia la hacen una ciudad ideal

Tras los pasos de la historia

Lo dicho entonces, primera parada del recorrido, la terraza. De allí,  directo al nivel del suelo para salir a caminar. Valencia es una ciudad para descubrir a pie, al menos su núcleo histórico. Y puede ocurrir, como en este caso, que desde la puerta del hotel apenas haya que andar unos metros para darse la mano con un monumento. O un palacio, como el de La Exposición. Se trata de una enorme construcción de estilo modernista que se erigió en apenas 70 días de obra para ser sede de la Exposición Regional de 1909. A la vuelta de la esquina, literalmente, aparece  La Alameda, un parque de poco más de un kilómetro de largo que allá lejos y hace tiempo fue el  acceso al Palacio del Real cuando se llegaba desde el mar. También supo ser el ámbito natural para los paseos de nobles y burgueses afortunados en los que se armaban y desarmaban alianzas y casamiento, negocios y guerras. En 1932 la Alameda  fue remodelada para convertirse en lo que es hoy, un paseo elegante, prolijo, verde que se extiende desde el  puente del Real hasta el de Aragón. Cruzando alguno de esos, frente al parque y al otro lado de los Jardines del Turia, hay que alcanzar la Porta de la Mar. Y antes de lanzarse a caminar por las intrincadas callejuelas de la ciudadela ente palacios, edificios góticos y torres, hay que saber que, vía celular, Valencia cabe en la palma de la mano. El programa Museu Obert dispone en lugares clave de la ciudad de carteles indicadores con un código para descargar la historia de ese sitio en el teléfono; lo mismo se puede hacer con los lectores QR desde la web de la ciudad y así tener el plano  de cada sector del casco antiguo; y si esto no alcanzara, aquí y allá hay pantallas táctiles donde hacer consultas. 

En cualquier caso, desde la Porta de la Mar, habrá  que andar siete cuadras por la calle Paz  hasta la Plaza de la Reina, donde se encuentra la  iglesia y Torre de Santa Catalina. Doblando hacia la derecha, en el otro extremo de la plaza aparece la espalda del conjunto catedralicio. 

Símbolo de la ciudad, la Torre de Micalet, el campanario gótico de la catedral, aparece en todo su esplendor e invita a subir los más de doscientos escalones que alberga en su interior para disfrutar otra vez de las vistas de la ciudad. Este miguelete completa el edificio de la catedral de Santa María, gótico también, pero como ocurre siempre en las ciudades europeas, resultado de una suerte de la arquitectura aluvional. La iglesia se construyó sobre un antiguo templo romano, sitio donde luego estuvo la mezquita árabe y la obra que se inició en el año 1246 se dio por terminada en 1426, aunque siguió recibiendo retoques durante otros dos siglos. El frente da  la plaza de la Virgen, rodeada de museos y palacios, todos dignos de una visita. Aunque lo realmente impresionante es presenciar un día jueves la sesión del Tribunal de las Aguas. Es una institución que funciona desde hace más de  1000 años y que reúne a los Síndicos de las siete acequias que riegan la Vega de Valencia. Aquí se resuelven, hablando, todos los conflictos relacionado con el riego de las fincas de las afueras de la ciudad. 

La impronta comercial y productiva de Valencia se puede percibir también en uno de sus monumentos emblemáticos, la Lonja de la Seda. Para llegar a este edificio, declarado patrimonio cultural de la humanidad por la Unesco, hay volver a la plaza de la Reina y bordear la iglesia de Santa Catalina y tomar la calle Derechos. Al otro lado de la plaza Doctor Collado, se levanta este ejemplo de arquitectura gótica civil, es decir, no religiosa. Desde el exterior no es tan grande el atractivo, pero al ingresar  a la sala de Contratación  las columnas helicoidales de hasta 16 metros de altura, talladas en piedra bajo la dirección del maestro cantero  Pere Compte, desconciertan al lego. ¿Cómo hicieron eso? ¿Cómo pueden ser tan perfectas si las construyeron hace seis siglos a golpe de martillo y cincel? El edificio es el símbolo del poder económico de la ciudad que, tras la derrota de los moros, fue la puerta española al comercio mediterráneo. Hoy ya no se comercia aquí, sino al otro lado de la plaza del Mercado, donde funciona el ídem. Una gran nave modernista, repleta de puestos es el Edén, el paraíso terrenal, el Olimpo o la hipérbole que el lector prefiera para un paladar inquieto, exigente y curioso. Los langostino y las cigalas más perfectas que puedan haberse visto; jamones deslumbrantes si se permite la exageración; arroces que allí mismo en la bolsa de arpillera excitan a las papilas gustativas; frutas de la región y del mundo, hasta manzanas patagónicas tan perfectas como jamás había visto en la Patagonia. La sensación de caminar entre los puestos es estimulante. Y más cuando se conversa con gente como Joaquín Cosín Rodríguez, parte de una familia tradicional de vendedores de  fiambres y embutidos, que convida un fuet  con tal ceremoniosidad y orgullo que emociona. Disculpe el lector si el tono parece muy elevado, pero la realidad es que hay pocos mercados así en el mundo y  el mero recuerdo genera nostalgia y antojos al por mayor. De hecho, tras semejante visita es obligación salir en busca del mejor restaurante de la zona. Y ese ha de ser La Sucursal. Para llegar se toma la calle de la Bolsería hasta la Plaza Tossal,  luego a la izquierda por la calle del Quart, hasta la Torre de Quart, antigua puerta de la ciudad. Desde allí a la derecha por Guillén de Castro hasta llegar al IVAM, el Instituto Valenciano de Arte Moderno. Su arquitectura de vanguardia contrasta con el entorno y se traduce luego en la personalidad de sus muestras, siempre novedosas. El IVAM es un espacio de gran prestigio y calidad artística, pero la recorrida por sus salas queda para después del postre. Es que La Sucursal lo iguala en  prestigio y urge probar los platos que crea el chef, Javier Salvador, miembro de un clan ligado a la cocina valenciana. Plato como foie gras y un crocante de maíz y membrillo; ostra envuelta en gelatina de trufa, con puré de apio, alcauciles fritos y rúcula; o el arroz meloso de navajas y almejas con un fino carpaccio de pulpo dan cuenta de la creatividad de Salvador. Aquí habrá que pagar alrededor de 75 euros por un almuerzo con postre y bebidas y no suena excesivo. Por la mitad se puede comer comida valenciana o mediterránea con menos pretensiones en sitios muy  buenos como Messana o Pitanza, ambas en el casco histórico. Pueden ser las opciones para los días siguientes. Porque es un hecho que no alcanza una jornada de andar para visitar todo lo que aquí hay de interesante: 25 monumentos y edificios históricos, 17 museos, tres jardines y sitios comerciales como la galería Lladró, donde exhiben las porcelanas decorativas más famosas del mundo. 

La ciudad increíble

Si el centro de Valencia es un pasaje al pasado, la ciudad de las Ciencias y de las Artes es su vía libre al futuro. Todo el romanticismo de lo antiguo se reemplaza  aquí con el asombro que causa lo innovador, lo distinto; la imaginación de arquitectos capaces de crear nueva belleza y que esta contenga propuestas culturales  que logran seducir de verdad al visitante. Cómo definir  la Ciudad de la Ciencias y de las Artes?.es un gran espacio abierto ubicado al final de los Jardines del Turia, cerca del mar, en donde conviven las mejores propuestas de cultura de la ciudad. Son 350000 metros cuadrados diseñados por dos de los más grandes arquitectos españoles.  Santiago Calatrava creó el Palau de les Arts Reina Sofía,  el Hemisfèric, el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, el Umbracle y el Ágora;  Félix Candela, ya fallecido, el Oceanogràfic, el mayor acuario de Europa, con 45.000 seres vivos de 500 especies diferentes. Sitio de investigación científica y de divulgación, ya recibió más de 10 millones de  habitantes desde 2003, cuando se inauguró. El complejo se compone de edificios en los que se reproducen las condiciones de 10 de los ecosistemas más reconocidos de mares y océanos del planeta.  En medio del acuario, bajo un edificio digno de una película de ciencia ficción, el restaurante del acuario es un ambiente surreal: sus paredes de metacrilato sostienen millones de litros de agua en los que nadan miles de peces con esa precisión natural que los hace parecer un solo cuerpo. 

Igualmente espectacular s  el Hemisfèric es un edificio acristalado que representa a un gran ojo humano, como símbolo de una actitud de observación sabia, curiosa, abierta. Bajo esa cubierta se montó la sala de cine más grande de España, con una pantalla cóncava de 900 metros cuadrados y formao IMAX Dome. Junto al cine, el Palau de les Arts Reina Sofía, exhibe también líneas curvas, pero que recuerdan a los cascos de los soldados españoles del silo XVII. El palacio es un auditorio imponente, dotado de la mejor tecnología de sonido e iluminación  que congrega espectáculos teatrales, operísticos y musicales.

Finalmente, además de espacios como el Agora y el Umbracle, el sitio preferido en esta ciudad inverosímil  es el Museo de las Ciencias, que se presenta bajo el lema: "Prohibido no tocar, no sentir, no pensar". Ya el edificio que remite al modernismo  con sus crestas invita a entusiasmarse, pero apenas adentro, ver el enrome péndulo de Foucault de 34 metros de alto alcanza para entender que hay que disponerse a jugar y divertirse con cosas serias pero como si uno fuera de nuevo un chico.  Exposiciones como el Bosque del Genoma Humano combinan un modo entretenido, didáctico y innovador de mostrar los avances de la ciencia, pero nada logra un efecto más impresionante que el Teatro de la Electricidad. En su interior, se hacen comprensibles  fenómenos físicos que permiten que las campanas  suenen sin tocarlas, que las velas que se apaguen con una varilla metálica sin necesidad de soplar, que un grupo de anillos salten como si tuvieran piernas o que un tubo fluorescente se encienda apenas uno lo toma con sus manos de los extremos. La diversión llega a la cumbre cuando se enfrentan los rayos de más de un metro que nacen de la Bobina de Tesla. 

Al salir del museo, el sol está cayendo y el complejo que al mediodía reflejaba la dura luz del cenit se va tiñendo del azul y el ámbar de los focos  que le imprimen una personalidad única. Los anfitriones de Turismo de Valencia ofrecen el transporte para cubrir los casi 3 kilómetros que hay hasta el  hotel.  La noche clara, amable, cálida invitaba a caminar un poco más o a subirse a una de las muchas bicicletas disponibles en las cinco empresas de cicloturismo. Quedaban aún sitios por recorrer, como el mar, la playa y hasta un parque zoológico repleto de fauna africana.  Y la Plaza de Toros y el circuito de Fórmula 1; y el Casino y probar el agua de horchata con fartons; quedaba, queda, la sensación de que Valencia es mucho más de lo que se imagina antes de conocerla. 

Tips de viaje

? Si hubiera que elegir el momento perfecto para visitar Valencia, habría que optar  por el mes de marzo cuando se celebran las Fallas, principal fiesta local cuya esencia se ve reflejado en el Museo Fallero, donde se exhiben los ninots que cada año se salvan de ser prendidos fuego. 

? Para elegir restaurantes hay que prestar más atención a lo que dicen los valencianos que a lo que promueven las guías de turismo. Sitios clásicos, difundidos entre extranjeros son muy criticados por los locales, especialmente en lo que se refiere a paellas, arroces y frutos de mar. De 25 a 30 euros alcanzan para almuerzos y cenas de buen nivel. Para los lugares top hay que calcular de 70 a 80 euros. 

? Valencia tiene una desarrollada integración entre los sectores públicos y privados de turismo, que le permitió desarrollar la Valencia Tourist Card, un programa de beneficios y descuentos que vale la pena comprar apenas se llega a la ciudad. Cuesta 12, 18 ó 22 euros y brinda transporte urbano gratuito por 24, 48 o 72 horas además de otros descuentos

? En algunos casos lo hoteles de lujo de Valencia son criticados por no estar a la altura de sus marcas y al contrario son numerosos los pequeños hoteles y hasta bed  & breakfast como L?Esplai o Mare de Deu que tienen una relación precio calidad excelente

? La calidad y cantidad de material digitalizado que ofrece TurisValencia es tal que hace que las guías de viaje se vean obsoletas. Es una de las webs de turismo más útil y completa que existe, o al menos que conocemos en GO. 

Tomás F. Natiello

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